Hace algunos días recordé una frase que escuché innumerables veces durante mi infancia y adolescencia mientras practicaba karate Shitō-Ryū en Puebla:

Qué alegre es remar olvidándolo todo hacia la isla del arte.

Frase recordada por el autor durante su formación en karate Shitō-Ryū

Durante años no comprendí realmente su significado. Para mí, como para muchos jóvenes, el objetivo era llegar: obtener el siguiente cinturón, ganar el siguiente torneo, ser seleccionado, demostrar que podía estar a la altura.

Comencé karate a los seis años. Pasé gran parte de mi infancia y adolescencia dentro de un dojo. Tuve la fortuna de aprender de grandes maestros, entre ellos Reyna Varela y, en algunas ocasiones, del maestro Koichi Choda Watanabe. También compartí entrenamientos con personas que más tarde se convertirían en referentes del deporte mexicano, como Yadira Lira.

A los catorce o quince años obtuve la cinta negra. Más adelante fui seleccionado para aspirar a una oportunidad en el CNAR. Mi hermana, Pamela Mateos, logró continuar ese camino durante algunos años. Yo tomé una ruta diferente.

La vida me obligó a elegir.

Quería estudiar. Quería construir un futuro profesional. Necesitaba trabajar para sostener mis estudios en Relaciones Internacionales. Poco a poco, el karate dejó de ocupar el lugar central que había tenido durante más de una década.

Durante mucho tiempo pensé que había abandonado ese camino.

Hoy creo que estaba equivocado.

Con los años descubrí que muchas de las cosas que aprendí en el dojo seguían presentes en mi vida diaria: la disciplina, la perseverancia, la capacidad de seguir adelante cuando los resultados tardan en llegar y la voluntad de continuar incluso cuando nadie está observando.

Esas lecciones me acompañaron al mundo del emprendimiento, la tecnología, el desarrollo de software, la creación de comunidades y los proyectos que hoy forman parte de mi vida.

Sin embargo, también arrastré algo más: la sensación permanente de que nunca era suficiente.

Durante mucho tiempo viví persiguiendo la siguiente meta, el siguiente proyecto, el siguiente lanzamiento, el siguiente logro. Siempre convencido de que la satisfacción estaba un poco más adelante.

Quizá por eso aquella frase volvió a mi memoria después de tantos años.

Porque entendí que la isla del arte nunca fue un lugar al que se llega.

Es una dirección.

Es el acto de seguir remando.

Seguir creando, seguir remando

Hoy sigo teniendo sueños enormes.

Quiero construir proyectos que ayuden a las personas. Quiero crear tecnología útil y accesible. Quiero demostrar que desde México se pueden desarrollar ideas capaces de impactar a comunidades globales. Quiero seguir aprendiendo. Quiero seguir creciendo.

Pero también quiero aprender algo que durante mucho tiempo me costó trabajo: apreciar el camino mientras ocurre.

Todo lo que he hecho, lo he hecho con amor.

Aunque muchas veces no ha existido un beneficio económico real, y aunque en ocasiones el esfuerzo ha sido mucho más grande que cualquier recompensa material, me siento profundamente orgulloso de la comunidad que hemos construido.

Estoy orgulloso de cada persona que ha creído, participado, opinado, compartido, probado, apoyado o simplemente estado presente.

Más allá de los números, de las métricas o de cualquier resultado externo, lo que hemos logrado juntos tiene un valor enorme para mí.

Porque una comunidad no se construye solo con tecnología.

Se construye con confianza, paciencia, errores, aprendizajes y cariño.

A quienes han acompañado el camino

También quiero agradecer a mi pareja sentimental, Guillermo Rosete, quien me ha acompañado en esta aventura que se llama vida. Su presencia, apoyo y compañía han sido parte importante de este camino, especialmente en los momentos en los que seguir remando no ha sido fácil.

Nada de lo que he construido habría tenido el mismo sentido sin las personas que me han acompañado.

A quienes han utilizado mis aplicaciones.

A quienes han leído mis artículos.

A quienes han confiado en mis proyectos.

A quienes me han corregido cuando me he equivocado.

A quienes han estado presentes desde el principio y a quienes apenas llegan.

Gracias.

Muchas veces hablamos de comunidades como si fueran números, métricas o usuarios. Pero detrás de cada interacción existe una persona real que decidió dedicar unos minutos de su tiempo a algo que construimos.

Eso nunca debe darse por sentado.

No sé exactamente hacia dónde me llevará el futuro.

Todavía tengo más preguntas que respuestas.

Todavía tengo metas que parecen imposibles.

Todavía hay días en los que siento que no he hecho lo suficiente.

Pero si algo me enseñó el karate es que no siempre se trata de llegar primero.

A veces se trata simplemente de seguir remando.

Y mientras tenga fuerzas para hacerlo, seguiré avanzando.

Gracias por acompañarme en este viaje.

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DM

David Mateos

Editor de AXO News at AXO News, focused on clear reporting, transparent sourcing, and useful context for fast-moving digital systems.

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